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domingo, 23 de noviembre de 2014

CAPITULO 23



Gerard no sabe si regresar a casa o pasar nuevamente la noche en la casa de Petra. No se arrepiente del  fuerte golpe que le propino a Cedric, pero sabe que este probablemente se encuentre aun muy enfadado. No esta dispuesto a dar una disculpa por algo que propino con justicia así que  inicia su camino a la casa de Petra. Sabe que en algún momento debe resolver el problema con su gran amigo, pero por el momento su mente se encuentra demasiado confundida con el nacimiento de un amor y la resurrección de uno que creía muerto.

Cual seria su sorpresa cuando al llegar a la casa de Petra encuentra a Cedric que lo espera parado en el umbral. Se observan mientras se cierra  la distancia que los separa con cada uno de los indecisos pasos de Gerard hasta que finalmente están uno frente al otro pero ninguno dice nada. Finalmente Cedric rompe el silencio mientras se rasca incomodo la cicatriz de su cuello.

-¿Estas aun muy enojado conmigo?-

Gerard levanta las cejas sorprendido por aquella pregunta, debía ser él el que estuviera furioso por el golpe, pero Cedric nuevamente le daba una muestra de su nobleza.

-¿Y tu?-

-supongo que me lo merecía. Fui muy tosco con mis palabras-

-Así es-

-¿Entonces te quedaras aquí nuevamente o iras a casa?- Pregunta con una tenue sonrisa y la incomodidad a flor de piel. Es lo mejor que puede hacer para pedir disculpas, pues las palabras no son su fuerte. Gerard permanece observándolo mientras llena  su corazón con gratitud por tan leal e incondicional amigo.

-Martina ya se instalo y preparo una deliciosa cena- Agrega  temeroso.

Gerard  finalmente sonríe y  pasa su mano por el hombro de Cedric para iniciar el camino a casa.

-Vamos imbécil. Tengo hambre-


                                                            
                                  

Cuando  terminan la cena Cedric trata de saber cual es el estado de confusión de su abatido amigo. Gerard le cuenta todo con mayor detenimiento incluyendo lo sucedido pocas horas antes en la casa Lemaitre. Cedric lo escucha sin atreverse a dar su punto de vista aunque se muere de ganas de decirle unas cuantas verdades para hacerlo entrar en razón, pero tan solo se limita a preguntarle por lo que realmente le preocupa. La bella Luciana.

-¿Y que pasara con  Luciana?¿Cuando regresa?-

Gerard finalmente cae en cuenta de algo que había ignorado. No tiene noticias de Luciana. Ella no telegrafió su llegada a  Honda y no sabe nada de su camino por tierra. Se supone que informaría su recorrido para tranquilizarlo.

-No antes de doce días. Debe ir por el camino real rumbo a la capital. Aunque la verdad no he tenido noticias de su desembarco en Honda-

-¿Cuando llegarían a puerto?-

-Ayer en la mañana. Fueron siete días de viaje por rio. Luego viajarían por cuatro días hasta la capital-

-ósea que debe ir a mitad de camino. Pronto encontrara un  pueblo donde pueda telegrafiar su ubicación-

-¿Le habrá pasado algo?- finalmente los temores por la seguridad de Luciana desplazan los de confusión por Scarlet. Una angustia comienza a cerrarle el pecho y no le permite respirar con la misma comodidad.

-Tranquilo  hombre. Las malas noticias son las primeras en saberse. La  bandera negra no esta izada en el puerto. Eso significa que sus  barcos se encuentran bien-

-¿Y si le paso algo en el camino? -

-Mejor ve mañana al telegrafista y pregúntale  por la ruta. Probablemente tendrá una explicación o mensaje que no hayas pasado a recoger-

Gerard asiente y se va a su cuarto para seguir perdiéndose en angustia y confusión causada por las hermanas Lemaitre, hasta que por fin  el cansancio de una noche en vela y un largo día de trabajo le pasan cuenta dejándolo casi inerte en su cama.

Al día siguiente antes de llegar al hospital pasa por el puerto para obtener noticias de Luciana, pero su desilusión al no tener ningún mensaje de su amada  es aliviado por la confirmación de un desembarco seguro en Honda. El telegrafista le asegura que de haber tenido un viaje seguro por tierra al día siguiente debería estar en el municipio de Albán donde encontraría un telégrafo y podría enviar un mensaje. Gerard se va solo un poco más tranquilo cuando el joven telegrafista le asegura que le avisara inmediatamente cuando llegue un mensaje de Luciana.



                                                         

Cuando llega al hospital, el doctor Almenares lo espera en el umbral con cara de pocos amigos. Gerard supone que es debido a su huida la noche anterior para ver a Scarlet, pero cuando su tutor le pregunta a donde fue, le miente diciéndole que fue a buscar noticias de Luciana ya que no informo su arribo a Honda. El doctor un poco más tranquilo  y complacido por la angustia de Gerard se complace con aquella mentira y le asegura que todo estaría bien. Supone que Gerard ya se  había olvidado de Scarlet y su prioridad nuevamente seria Luciana, pero nada estaba mas lejano de la realidad. En las doce horas de turno que realizo Gerard, seis de ellas en su mente estaba Luciana y las otra seis Scarlet.

Cuando salió del hospital se dirigió a la casa Lemaitre. Trataba de convencerse a si mismo  de que aquella era una visita para excusarse por no haber llegado mas temprano para aceptarle a Scarlet la invitación a su jardín, cuando la realidad era que se moría  por ver de nuevo aquellos ojos verdes que tanto amo.

Su visita fue igual de corta y misteriosa para Scarlet que no lograba entender el extraño comportamiento de Gerard. Tan solo se disculpo por no llegar temprano y la miro por largo rato antes de despedirse sin decir mas ni mirar atrás.  Scarlet Trataba de atribuirle  a la timidez del amor y a la  ausencia de la figura autoritaria de la casa aquel comportamiento tan frio de Gerard, que contrastaba con el fuego abrazador de su mirada. Una mirada que la acompañaba día y noche desde que lo conoció y que la consumía lentamente en la cocción de un amor.


                                                        

Al tercer día en el que el amor y la muerte iniciaron su juego, sus fichas continuaban separados en cuerpo pero unidos en pensamiento. Luciana había logrado reponerse un poco ayudada por los caldos que la mucama le hacia tomar.  Logro salir de su camarote para tomar un poco de aire fresco mientras permanecía sentada en una silla de la proa, donde su mente  se llenaba con recuerdos dulces de los momentos con Gerard y con angustias por la salud de Scarlet. Muy ajena a la realidad y deseando que pasaron pronto los siguientes cuatro días.

Al anochecer Scarlet se  fue a la cama  desilusionada por no haber tenido esa tarde la visita de Gerard. Deseaba verlo aunque fuera tan solo por algunos instantes como las veces anteriores. Había decidido ser mas abierta y dejarle saber su interés por él para que se animara y fuera mas locuaz en su visita, pero el no apareció. No sabia que pensar sobre aquel extraño comportamiento pero tercamente se lo quería atribuir al amor tímido, sin saber que Gerard no fue a visitarla debido a un astuto plan de Cedric   que fue ayudado por Martina.

Cedric sospechó que esa noche también se escabulliría para visitar a Scarlet, entonces lo  espero a la salida del hospital y lo llevo a casa con la excusa de que las hijas de Martina se encontraban enfermas, luego de una revisión de las pequeñas donde obviamente todo se encontraba normal se tuvo que ir a la cama ya que el té con que lo recibió Martina contenía un alto grado de manzanilla, lavanda, naranjo y nuez moscada que lo dejaron noqueado hasta el día siguiente.

Gerard no quiso indagar ni adentrarse más sobre lo ocurrido la noche anterior, estaba seguro que Cedric se las había ingeniado para abatirlo e impedirle aquella visita, pero nada le impediría que esa noche fuera a visitar a Scarlet. Necesitaba aclarar sus pensamientos y el estar lejos de ella no le ayudaba.

El día paso lento para todos. Scarlet limpiaba con aceite de coco sus flores para tenerlas mas brillantes que nunca con la esperanza de que Gerard fuera y poder mostrárselas, Mientras que él  examinaba y recetaba a los enfermos lo mas rápido que podía para poder terminar su turno antes de que el sol cayera para ver a Scarlet y su jardín. Mientras tanto Luciana peleaba con el capitán quien decidió acortar el tiempo de viaje al no parar en un puerto cercano. Ella quería descansar en tierra firme y enviar un telégrafo anunciando su llegada, pero su ira fue  amansada  cuando el capitán aseguro que llegarían un día  antes de lo previsto aprovechando la creciente del agua de esa noche y las rápidas  corrientes del rio.

Cuando  Gerard finalmente pudo recetar y despachar su ultimo paciente tomo su chaqueta y salió sin despedirse de nadie. Un frio congelante en las entrañas le delataba el miedo y la emoción que le generaba el encuentro, pero estaba decidido a darle a la razón y a su corazón una respuesta. Cuando sale no encuentra a Cedric en el umbral esperándolo, ya que el reloj apenas marca las cinco de la tarde, pero suponía que el vendría a buscarlo al igual que la noche anterior para desviarlo de su rumbo. El camino a la casa de Luciana y Scarlet.




Scarlet se encuentra en la cocina preparando su medicina mientras que Maya amarra a la pata de la mesa la gallina que serviría para el almuerzo y la cena. Cuando Scarlet siente el llamado de la puerta su corazón se agita y sale disparada adelantándose al paso pausado de Tiberio que se toma  tiempo en su camino al portón.  Atita observa desde el patio orando para que no sea Gerard, mientras que Maya vuelve a tener la visión de una lluvia de sangre. Cuando la puerta se abre Gerard queda aun más cautivado al observar a Scarlet bajo la luz del día. Sus ojos verdes esmeraldas son mas intensos y su cabello rojo mas brillante.  Las palabras se le  enredan en su  garganta  y no es capaz  de pronunciar palabra. Scarlet se sonroja enfurecidamente y con una sonrisa y un suave ademan lo invita a pasar.

-Bienvenido doctor Decout-

Gerard se recompone solo lo suficiente para asentir y entrar en la casa.  

-Lo esperaba ayer, pero me alegra que pudiera venir hoy.  Es un día hermoso- Agrega ella con una dulzura tan grande que le derrite a Gerard el frio de las entrañas.

- Gracias Señorita Lemaitre. ¿Como se encuentra hoy?- Susurra  y ambos inician su camino hacia el patio.

-Muy bien. Si tomo mi medicina mi vida es igual a la de cualquier cristiano-

-¿Su medicina?- La curiosidad profesional de Gerard aparece advirtiéndole  que no existe medicamento conocido para tratar la hemofilia, y menos aun en un  caso tan inverosímil como el de ella.- Me gustaría saber de que se trata- Agrega.

-Así es. Un conjunto de plantas  que me mantienen estable- Responde Scarlet incomoda por el rumbo que toma la conversación. No quiere hablar de su enfermedad, tan solo quiere propiciar un ambiente mas romántico para hablar. Como en las novelas que lee, donde el amor es declarado en un hermoso lugar y su jardín es un sitio perfecto para crear ese ambiente de enamoramiento. – Pero no hablemos de eso y mas bien acompáñeme- Murmura tomándolo de la mano y arrastrándolo hacia el jardín.

Gerard la sigue conmocionado por la extraña sensación de tener su mano en la de Scarlet. La siente tibia y pequeña. Muy diferente a la fría y huesuda de Abigail en sus últimos momentos y solo sale  de aquel estado de conmoción para  caer en uno de esplendor cuando se encuentra en la mitad de aquel hermoso jardín.  Las flores son de colores intensos y los follajes que las enmarcan de un verde avivado. Pequeños colibrís  brincan de flor en flor mientras que el olor a coco magnifica en  el paladar el deleite de los ojos ante tanta belleza.

-¡Es hermoso!- susurra girando sobre si mismo para admirar todo a su alrededor. Scarlet se complace y lo toma nuevamente llevándolo a una esquina del jardín donde se encuentra una caseta de madera  con una bellas y extrañas flores un su interior.

-Estas son las más hermosas- Murmura.

-Nunca antes las había visto. ¿Como se llaman?- Pregunta Gerard acercándose a ellas  con curiosidad.

-Corazones sangrantes. Por su forma, su color y por que de ellas parece que saliera una gota de sangre-

Gerard analiza la flor y reconoce que es un nombre muy adecuado  para aquella extrañeza.

-fascinante y muy poco común supongo- Murmura sin dejar de consentirlas.

-Así es- Contesta Scarlet orgullosa - Son de Asia y no crecen en esta parte del mundo- Agrega tomando suavemente una de ellas entre sus dedos.

-Entonces como….- Gerard no termina de formular su pregunta cuando Scarlet responde con la  voz firme y un brillo triunfal en su mirada.

-¡Tengo un don natural!-

Gerard sonríe al verle aquella falta de humildad que dista mucho de la prepotencia, acercándose más bien a la dulce inocencia de una niña.

-Ya lo creo-

-Son esenciales en los arreglos florales. A mis clientes les gustan mucho.

-Me lo imagino. Son realmente hermosas-


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Scarlet asiente y ambos permanecen en silencio mientras se observan. Ella lo hace empapándose cada vez más de amor mientras que él la contempla tratando de descifrar sus distorsionados sentimientos, pero  la simpleza del momento no le permite interpretar lo que su corazón trata de decirle. Se acerca a ella y le envuelve la pequeña cintura con el brazo atrayéndola hacia el, y con la otra mano le toma delicadamente el cabello antes de posar sus labios en los  de ella.

Scarlet  se rinde  ante el deseo y le posa tímidamente sus manos en el pecho mientras en su mente viaja por un universo lleno de colores donde cada estrella se asemeja a una flor.  Esta más allá de la felicidad sin saber que en su viaje no esta acompañada por el hombre que la eleva a tanta grandeza. Gerard  siente aquel beso  suave y tierno pero muy ajeno a la pasión que le despertó Abigail y a millones de años de distancia de la sensación que obtenía en los labios de Luciana. Su corazón por fin le traducía quien era su amor y quien era solo un tierno recuerdo de un pasado feliz, pero antes de separar sus labios con la certeza de un amor identificado el alboroto de Atita y el cacareo de una gallina hacen el trabajo por el.

Atita había  tomado la gallina de la cocina para soltarla en el jardín y poder disimular su presencia, pero al darse cuenta que ellos no la  notaban y  se terminaron fundiendo en un beso, comenzó a gritar y corretear a la gallina para interrumpir aquella falta de lealtad tan aberrante en la que Gerard estaba  incurriendo y el engaño inocente en el que Scarlet había caído.  Cuando finalmente alcanzo a la gallina se levanto y cruzo miradas con Scarlet que  llevaba las manos en el pecho tratando de llevar aire a sus pulmones luego de la fuerte emoción.  Después reprendió a Gerard con la mirada mientras que él permanecía con el ceño fruncido y una mano en la cabeza con el arrepentimiento a flor de piel, pero antes de irse se disculpo al mismo tiempo que sus  callosas manos le quebraban el cuello a la gallina.




-¡Lo lamento eso fue inapropiado!- Se queja Gerard. Esta enormemente arrepentido de su conducta, aunque su conciencia trata de explicarle que era necesario para entender sus sentimientos.

-No es inapropiado. ¡Es amor!- Exclama Scarlet creyendo que la vergüenza por un beso robado lo acusaba, sin saber que en realidad lo alejaba del sentimiento tan puro que ella alimentaba.

-Debo irme- Exclama Gerard huyendo sin corazón para quebrar el de Scarlet en mil pedazos con la verdad de un sentimiento no correspondido.

Ella se queda parada en el jardín viendo como el se pierde por la puerta tratando de entender lo sucedido pero la euforia del momento aun la tiene en las nubes para asimilar correctamente lo que aquel beso descubrió.

Gerard sale casi corriendo agilizando su caminar para llegar lo más pronto posible a casa y  tomarse un trago de whisky. Aunque sabe que posiblemente necesitara toda la botella para apaciguar la sensación de culpa. Camina por las calles empedradas mientras la oscuridad de la noche se cierne sobre la ciudad y la claridad de sus sentimientos le despeja el panorama. Cuando llega, encuentra a Cedric  cenando probablemente antes de salir a buscarlo al hospital.

-¡Es  Luciana, solo Luciana!- exclama  agitado una y otra vez mientras camina de un lado al otro junto al comedor. Cedric se levanta y se retira la servilleta del cuello para unirse a su perturbado amigo  y detenerlo en su delirio.

-Tranquilo Gerard- Le dice mientras trata de ubicarlo en una de las sillas. – ¿Ahora que paso?-

-¡Amo a Luciana!- vuelve a exclamar con fuerza.

-Eso es noticia vieja. ¿Que es lo que te tiene tan alterado?-

-La bese-  susurra  ahora sin fuerza en la voz.

- ¿A Luciana? ¿Regreso ya?- Pregunta Cedric confundido.

-A Scarlet- Responde con vergüenza y listo para aguantar la diatriba de Cedric, pero este tan solo respira profundo y se sienta en una silla junto a el.

-¿Cuándo besaste a Scarlet te diste cuenta que amabas a Luciana?-

-Así es. Fue tierno pero insípido- Responde recordando la ausencia de emoción en aquella unión.

Cedric  asiente con un suspiro de complacencia y tranquilidad. Luego le da palmaditas en la espalda y le acerca la canasta con panes.

-Es mejor que comas algo antes de que miremos como vas a arreglar esta mierda amigo-

Gerard suelta un bufido y  llama a  Martina para que le lleve una copa de Whisky que finalmente terminaría en una botella vacía cuando luego de horas de charla  ambos encuentran una manera para aclarar la confusión y la difícil situación en la que se encontrarían las hermanas. Una solución que debería llevarse a cabo antes de que Luciana regresara.



Al amanecer, en el quinto día de su camino de regreso  a casa, Luciana logra sentirse un poco mejor. En el atardecer del día anterior le había vuelto a subir la fiebre luego de otro dolor insufrible en el pecho, justo cuando Gerard besaba a Scarlet. Estaba ansiosa porque el viaje terminara y poder descansar en su casa sin saber que la esperaba una amarga noticia de amor.

Gerard redacta la carta que acordó con Cedric  en la cena y la envía con Martina a casa de Scarlet. Cuando ella la recibe su emoción es opacada al  leer las simples frases que aquella misiva llevaba. Esperaba una carta de amor que reflejara hermosos sentimientos pero se conformaba con una solicitud para aclarárselos. Tal vez él no era un hombre romántico y de fluidez en letras

Señorita Scarlet

Le pido disculpas por mi  imprudente acto. Una mujer como usted merece todo el respeto del mundo y mi proceder no fue el mas correcto.  Me deje llevar por la confusión y le pido me brinde un poco de su tiempo para aclarar la situación. Si no responde a esta carta  entenderé que no desea regalarme su indulgencia, pero si desea que le aclare realmente mis sentimientos estaré esperando su respuesta para discutirlo mañana en su casa.

Gerard Decout

Scarlet corre al despacho y redacta una respuesta con palabras simples pero con una nota de anhelo colgada de ellas.

Querido doctor Decout

Lo espero mañana para que me aclare sus sentimientos y espero que estos estén tan dulcemente confundidos como los míos.

Cuando Martina le entrega la respuesta  a Gerard, su corazón se arruga al leer aquellas palabras tan cargadas de ilusión. Sabe que ha abonado la planta del amor para luego arrancarla de raíz con la verdad. Pensaba decirle a Scarlet sobre su parecido con Abigail y la confusión que eso le generaba, pero lo que más le inquietaba, era decirle que la real dueña de su corazón era su hermana Luciana.  Esa noche luego de su turno en el hospital, ensayo con Cedric todas las maneras en las que podría decirle la verdad a Scarlet, pero no encontró la fórmula perfecta para entregar la noticia sin que el dolor la alcanzara.

Luciana pasaba su ultima noche en la  cama  de aquel camarote, aun con algo de malestar pero con la ilusión que le daba saber que llegaría al atardecer  del siguiente día y luego  estaría durmiendo en su propia cama. Scarlet  se fue a dormir imaginado miles de escenas donde Gerard le declaraba fervientemente su amor ajena a verdad y a la llegada de su hermana con la que compartiría la felicidad de encontrar el amor.


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El sexto día finalmente llego y el amor había tomada la verdad como la carta para ganarle el juego a la muerte. Solo la verdad era necesaria, ya que el sentimiento diáfano  de un par de enamorados era suficiente para dejar a la muerte fuera del juego, pero lo que no sabia el amor,  era que la muerte siempre se guardaba un As bajo la manga.

El barco por fin llegaba a puerto y Luciana  espera bajo el inclemente sol de las tres de la tarde a que los coteros bajen su equipaje. Su concentración  al  observar a los mulatos que descienden del barco con los baúles es interrumpida por una voz familiar.

-Que alegría verla Luciana- 

Ella se gira con el estremecimiento y pavor que aquella voz le genera, pero nuevamente hace uso de sus modales.

-Buenas tardes señor Barón- Murmura con desgano.

-Me complace saber que me recuerda-  exclama Amaury con una sonrisa mientras se acaricia el bigote.

-En realidad quisiera olvidar que lo conozco- Responde alejándose de Amaury cuando ve a un mulato que desciende con su baúl, pero se detiene en seco con la exclamación de Amaury.

- Eso seria muy desafortunado para usted y para su hermana-

-¿A que se refiere?- Pregunta con una punzada de angustia.


- Bueno….- dice acercándose a ella  mientras mece de un lado a otro su bastón preparándose para darle la estocada – No debe olvidar al hombre que se convertirá en su esposo-


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NOTA DEL AUTOR


Gracias por leer esta historia a la cual le entregare mi corazón como a un  primer hijo. Igualmente agradezco sus comentarios ya que son el combustible que me empuja a continuar con esta creación




lunes, 13 de octubre de 2014

CAPITULO 22




Luciana logra arrastrarse hasta la cama y se echa una manta encima para tratar de calentarse.  En un destello de lucidez  cree que se ha contagiado de alguna enfermedad de viaje y la terrible fiebre hace de las suyas con su cuerpo, pero su corazón palpita con temor presintiendo que algo malo ocurre.  Su mente inquieta viaja hasta su casa  pensando que algo le sucedió a su hermana y el desespero la inunda pensando que tendrá que pasar siete días en un barco si poder hacer nada por ella.

Mientras tanto en la cocina de la casa Lemaitre, el doctor Almenares interrumpe el  confuso ambiente en el que se sumergen Gerard y Scarlet.

-Mírame Scarlet- Le dice tomándola del mentón para que lo observe, des enganchándola de los ardientes ojos de Gerard.- ¿En dónde te heriste? – Pregunta confundido al verla con una tímida sonrisa y sin rastro de sangre en su rostro.

-No me hice daño.  Fue un error de Maya-

-¡Pero niña roja yo vi como su boca sangraba!- Repunta la anciana que coloca frente a ellos el pañuelo con la mancha.

-¡Es una mancha de moras! Estaba comiendo y tal vez algo de su jugo cayo de mi boca-  Responde avergonzada sin mirar a Gerard que permanece a sus pies con la mirada fija en ella. El doctor Almenares toma el pañuelo y lo evalúa, luego vuelve a centrar su atención en el rostro de Scarlet y suelta un fuerte suspiro  recostándose en el espaldar de la silla.

-Por Dios Scarlet, ¡Me sacaste miles de canas  en el camino!-

-Lo lamento doctor, quería explicarlo pero Maya no me dejaba hablar- Responde encogiéndose de hombros a manera de disculpas. –Pero no se preocupe que las canas lo hacen más interesante- Agrega y los dos ríen pero su diversión es interrumpida por un susurro casi ininteligible de Gerard.

-¡Regresaste Abigail!-




Todos se giran hacia él sin entender a qué se refiere. Su mirada permanece clavada en el rostro de la bella Scarlet que se sonroja aún más y se muerde el labio inferior para ocultar su sonrisa.  El doctor Almenares se preocupa cuando le ve aquella mirada.

-Su nombre es Scarlet y es la hermana de Luciana- Le dice casi en un reproche. Su cerebro comienza a unir las fichas y se da cuenta de lo que sucede. No puede permitir que él se enamore de las dos hermanas – Padece de una rara forma de hemofilia-  Agrega organizando su maletín.

Gerard sale de su aturdimiento pasional para caer en una consternación médica. Se gira hacia el doctor Almenares incrédulo de sus palabras.

-Pero como…. ¡Es una mujer!-  Exclama como si el doctor no conociera de esa contradicción médica.

-¡Claro que lo se doctor Decout!- Responde ofendido. Puede que no esté muy a la par con los avances médicos europeos  pero sabe que es imposible que una mujer manifieste la enfermedad.  - Como le dije es un caso muy particular de la enfermedad- Agrega levantándose de la silla.

Gerard vuelve a fijar su atención en Scarlet que se siente avergonzada con la mirada clavada en el piso.  Le toma el mentón para que ella lo mire y vuelve a enloquecer con el parecido con su difunta esposa. Se da cuenta de que no es ella por la juventud de su rostro pero no puede evitar sentir el deseo de abrazarla. Sin embargo se contiene y le regala una promesa,  la misma promesa que le hizo a Abigail cuando enfermo de cólera.

-No te preocupes,  yo te cuidare y encontrare una cura-  Le susurra suavemente con tal dulzura que Scarlet comienza a derretirse mientras su corazón se llena de amor.

-¿Y quién es usted?- Le pregunta para conocer al hombre que avivo el deseo constante de enamorarse.  Necesita conocer su nombre ya que está decidida a entregarle su corazón y confiarle su vida.

-Mi nombre es Gerard Decout. Soy médico- Responde con una pequeña sonrisa.

-Es el nuevo médico del hospital.- Se apresura a contestar el doctor Almenares. – ¿Acaso Luciana no te hablo de él?- Pregunta alarmado. Si Luciana no le ha hablado de Gerard y de su relación seria más complicado detener el amor que va creciendo ante su presencia.

-No- contesta  Scarlet sin sospechar quien es realmente Gerard para su hermana. Ella cree que el hombre que se adueñó de su corazón es un marinero y no es el mismo hombre que está justo al frente y del que ella inevitablemente se está enamorando.

-Llegue hace poco al hospital- Responde Gerard  sin emoción. Se  siente confundido al darse cuenta que encontró su pasado y su presente unidos por un lazo de sangre.  Sabe que su corazón en ese momento pertenece a Luciana pero no puede evitar sentir un extraño afecto por Scarlet.

-Como todo está bien será mejor que nos vayamos- Sentencia el doctor para alejarlos.

-Mañana vendré a verte- Susurra Gerard a Scarlet que abre los ojos como platos de la emoción pero el doctor Almenares le corta la felicidad.

-¡Nada de eso!. Mañana tendremos mucho trabajo y yo soy su médico de cabecera- Las palabras del viejo doctor son tan imponentes que no dan cabida a un reproche. Gerard  se levanta   contrito sabiendo que ha llegado demasiado lejos, pero no es capaz de disimular el sentimiento fantasma que Scarlet despierta en él.

Se levantan todos de la mesa y el doctor Almenares casi saca a empujones a Gerard de la cocina mientras él observa por encima de su hombro a Scarlet que permanece de pie  con las manos en el pecho y meciéndose suavemente.



-Fue un placer conocerlo doctor Decout- Exclama Scarlet cuando atraviesan el umbral. Gerard se gira y vuelven a clavar la mirada uno en el otro. Finalmente él asiente  y con un fuerte suspiro sale hacia el patio acompañado del doctor Almenares que entre dientes susurra palabras que  no logra identificar. Cuando finalmente están en el coche, Gerard recibe la más fría reprimenda de su nuevo jefe.

-Gerard,  esta niña ha sufrido mucho a causa de su enfermedad, pero quien paga realmente las consecuencias es Luciana. Esta tan obsesionada por cuidar a su hermana que se  ha olvidado incluso de su propia vida. Espero que usted sea un caballero, entienda la situación y no ponga a estas criaturas en discordia. Usted sería realmente el mal librado ya que ellas se aman demasiado entre si-

-Nunca  intentaría ponerlas en discordia- exclama ofendido.

-¡Entonces reserve esa mirada para una sola!-

-Mis disculpas doctor Almenares, pero Scarlet me recordó a alguien muy importante de mi pasado. Son como dos gotas de agua-

-Espero que deje su pasado atrás mi estimado colega.  Su presente regresará pronto y espero que se convierta en su futuro- La voz del doctor es más suave pero con imponencia.

-Lo se doctor, lo sé- Responde Gerard  y suelta un fuerte suspiro recostando su cabeza en el respaldar. Su mente aún se encuentra confundida con la visión y su corazón nublado sin saber ante quien rendirse. El doctor Almenares le da una última mirada amonestadora antes de que ambos continúen con sus miradas perdidas por las ventanas.



Cedric se encuentra saliendo hacia el burdel cuando el coche se detiene frente a la casa y Gerard baja con la mirada perdida.  Sabe que algo malo debe haber ocurrido por que aquella mirada era la misma que lo acompaño en todos los años que permanecieron en Cuba.

-¿Gerard que sucede?- Pregunta angustiado abriendo de nuevo la puerta y dejándolo pasar. Ingresan en silencio hasta la sala donde Cedric se apresura a servir un trago de ron  y se lo ofrece pero Gerard no lo toma.

-Cuéntame que sucedió amigo-

Gerard inhala fuertemente y se toma la cabeza entre las manos. Niega insistentemente tratando de convencerse a sí mismo que no está viviendo una situación tan confusa.

-¿Gerard?- Insiste Cedric  al verlo tan perdido.

-Abigail regreso- Susurra agarrándose con más fuerza la cabeza.

-¿A qué demonios te refieres?-

-La hermana de Luciana…….. es igual a…… Abigail –

-¿Igual?-

-¡Demonios Cedric!- Responde exasperado.  -Son como dos gotas de agua-

Cedric se queda pasmado sin saber que decir. No comprende bien la situación pero le angustia que Gerard caiga de nuevo en las garras del amor frustrado. Toma asiento pensando cuales son las palabras adecuadas para sacarlo de su tormento.

-Amigo, debes tranquilizarte y explicarme bien lo que sucedió-

-¡Sucede que la hermana de la mujer que amo es exactamente igual a la mujer que tanto ame!-  Le grita.

-Qué importa que sean iguales-

-Me desconcierta Cedric. Hace que sienta deseos de volver a verla-

-¡Pero Abigail está muerta Gerard!- Le devuelve la reprimenda.  – Luciana es la única mujer que te debe importar-

Gerard se sienta  y vuelve a  tomarse la cabeza entre las manos luchando con su  trastorno pasional cuando una idea absurda le llega a  la mente.

-¿Y si Abigail  trata de decirme algo? ¡Si no quiere que la olvide!- La voz temblorosa hace que sus palabras delaten el temor de tan loca idea.

-¡No seas ridículo Gerard! Te estas saboteando por volver a amar, tan solo es una casualidad- Lo regaña Cedric y después se toma de un solo trago la copa de ron que le ofreció a Gerard.

-No es casualidad. Le jure amor eterno y tal vez ahora ella me reclama- Susurra parándose de la silla  y observando a todos lados como si en cualquier momento apareciera el fantasma de su esposa para recordarle su juramento.

- ¡No seas idiota!- Es ahora Cedric el que se sale de sus ropas por la absurda idea y el tonto comportamiento de su dañado amigo. Le grita tratando de hacerlo entrar en razón con buenas intenciones pero de la manera equivocada.

-Abigail esta muertaaaaa… devorada por los gusaaanoss!- Grita y  justo después siente en su quijada un fuerte golpe que lo hace tambalear mientras su mundo se difumina y cae al piso.  Sacude su cabeza y se arrastra en cuatro patas hasta asentar su espalda sobre la pared para poder entender lo que le sucedió, cuando ve frente a él a Gerard con el puño apretado y la cara desfigurada de rabia y amargura comprende lo ocurrido.

-Si sigues con esa absurda idea lo perderás todo Gerard- Murmura acariciándose el mentón mientras trata de pararse. No está molesto por el golpe, hasta el mismo sabe que se sobrepasó, pero cree que necesita de la cruel verdad para hacerlo entrar en razón.

-¡Ya lo perdí todo una vez  y se cómo sobreponerme!- Le reprocha con odio en la voz y sale de la casa dejando a Cedric en el piso con la preocupación a flor de piel.


Camina varias cuadras, con la mente y el rumbo perdido hasta que se encuentra en la casa de Petra y entra. La anciana cuando lo ve no se atreve a decir nada ni hacerle preguntas, ya que su cara refleja una angustia desgarradora. Lo toma de la mano y lo lleva  a su antigua habitación dejándolo perdido en la oscuridad de la alcoba.

Pasa las primeras horas de la noche en un estado catatónico como defensa a las miles de preguntas que lo acechan, hasta que despierta de su letargo y pone su mente  en funcionamiento cuando la pregunta más incisiva se le clava en el cerebro. Debe descubrir que  extraña enfermedad posee Scarlet. Toma papel y pluma e inicia una carta dirigida a su antiguo tutor en Francia revelándole su paradero y solicitándole todo tipo de información relevante sobre la hemofilia y su tratamiento. Sabe que el doctor François tiene muchos contactos médicos que pueden ayudarlo.

Le pide también que haga inventario de sus pertenencias en Francia en caso de tener que regresar, y toda variedad de medicamentos e investigaciones que lo puedan ayudar en la lucha. Toma la carta y se va al puerto para enviarla en el primer barco que salga para Francia, luego se va al hospital para tomar su turno. Cuando llega el doctor Almenares lo espera en la puerta y le pide que se ocupe del pabellón de niños. Gerard se da cuenta que lo hace para que todo el día tenga su mente ocupada, pero principalmente para evitar que se eluda del hospital y vaya a visitar a Scarlet.

En la casa Lemaitre, Scarlet baila en su habitación como si flotara en las nubes. Después de pasar la noche en vela aun suspira recordando aquellos ojos intensos que la miraban con ferviente deseo y no con lastima. Cree haber encontrado el hombre perfecto para ella. Un médico que la cuide y probablemente llegue a curarla para poder disfrutar del amor como se debe. Su felicidad se incrementa cuando piensa que ella y Luciana encontraron el amor al mismo tiempo y podrían disfrutar de sus mieles, sin saber que era el mismo hombre que su hermana amaba.

Maya la observa con precaución sin saber si es realmente bueno que se ilusione. Cree que si  un hombre como él logra amarla podría de ser de gran ayuda para la pesada cruz que carga por ella Luciana, pero su instinto y sus extrañas visiones, tan solo le muestran una negra tormenta  con lluvia roja, mientras que Atita llora en su habitación al comprender la  cruel jugada del destino que le calla la boca con un juramento de silencio.

En su camarote  Luciana se consume en una fiebre delirante donde observa a la muerte que se burla de ella bailándole alrededor, hasta que se acerca  y con aliento fétido y voz rasgada le susurra al oído “ Entrégamela  y él volverá a ti…. entrégamela” para luego seguir bailado mientras Luciana grita de agonía y dolor.

Cuando el sol finalmente cae, Gerard se despide de las monjas y sale tan rápido como puede evitando ser visto por el doctor Almenares para realizar la visita prohibida. Algo lo impulsa a ver una vez más a Scarlet. No sabe si es amor o compasión y está decidido a descubrirlo. Cuando llega toca el portón y su corazón  agitado  le retumba hasta en los oídos sin permitirle escuchar  cuando Tiberio  pregunta al otro lado de la puerta quién es.

Cuando la puerta finalmente se abre, aparece Tiberio con el ceño fruncido y en una mano  el machete como si pudiera hacer algo con tan elemental arma para defender la casa. Cuando ve a Gerard vuelve a enfundarlo en el cinturón y con una venia lo invita a pasar. Sabe de su visita la noche anterior y cree que el doctor Almenares pudo haberlo enviado para revisar a Scarlet.

Ya adentro, se detiene a observar la casa. Le parece realmente hermosa pero la majestuosidad de la que un día gozo se ve opacada por las grietas y humedad que lentamente la devora.  En la mitad del patio se encuentra una fuente  compuesta por tres vasijas pero de las cuales no sale el preciado líquido para vertirse en la pileta. Tan solo una sombra verde delata el moho que se apodera de ella. Alrededor del patio se encuentran las columnas y arcos de  piedra que alguna vez fueron blancas y que sostiene un segundo piso  hecho de madera.

En el primer piso en el ala norte se ve una gran puerta  con  pequeñas vidrieras en la parte superior que delatan la ubicación de estudio. En el ala derecha está la entrada sin puerta de la cocina donde la noche anterior conoció a Scarlet, y un delicioso olor a caldo y especies salen de ella.  Atravesando el patio frente a ella se encuentran unas enormes escaleras hacia el segundo piso donde se encuentran las habitaciones  y  al sur  una banca  y una silla mecedora junto a una reja de hierro forjado. Tiberio le  muestra  una silla junto a la reja que da al jardín.

-Espere aquí doctor. Llamare a la niña Scarlet para que lo atienda-

Gerard asiente y Tiberio se va rumbo a las escaleras. Gerard se sienta para observar con mayor detenimiento todos los detalles de la casa cuando un olor a flores y coco lo distraen. Se levanta y se gira hacia la reja identificando de donde proviene aquel olor. Un olor que ya había sentido en el sueño donde Abigail regresaba en un traje rojo después de arrollar a una congelada y cristalizada Luciana. Trata de darle sentido a aquel sueño pero antes de lograr interpretarlo una voz lo distrae.

-Es mi jardín-

Cuando se gira  ve a Scarlet con una tímida sonrisa y muy sonrojada. Su corazón vuelve a agitarse con aquel parecido asombroso  y un enorme deseo de tocarla se apodera de él. Scarlet  lo observa mientras el permanece en silencio contemplándola y su corazón iguala al de Gerard cuando ve que sus pupilas se dilatan mientras la observa.  Es una mirada  la cual nunca antes  había obtenido y estaba enormemente satisfecha de provocarla en un hombre tan apuesto. Estaba convencida de que el amor había llegado para derrotar a su enfermedad y para enfrentar a  la acechante muerte.

 Gerard logra contener momentáneamente su deseo de tacto y se gira una vez más hacia el jardín para darse tiempo de recomponerse y no actuar como un idiota.

-¡El olor es increíble!- Murmura mientras llena sus pulmones de la fresca fragancia y trata de despejar su mente del pasado.

-Los colores son aún más increíbles- Responde Scarlet con voz temblorosa.  -Me gustaría enseñárselo pero ni esta esplendorosa luna llena podría  iluminar lo suficiente para poder apreciar su belleza.- Agrega mirando a la Luna que observa imparcial desde las alturas.


- ¿Como se siente?-  Pregunta Gerard tomándola de la mano.  No pudo contener su deseo de vincularse con ella y necesita su tacto para identificar cual es la sensación que lo inunda, pero solo la confusión crece en su corazón. Scarlet se sonroja aún más cuando observa su mano entre las de Gerard y su voz apenas puede salir de su  garganta.

-Estoy bien. Fue solo un mal entendido- Responde sin mirarlo a la cara con los ojos clavados en el piso por la timidez,  pero Gerard  continúa buscando algo  en aquel rostro que le dé una luz a sus sentimientos. Finalmente la suelta cuando se da cuenta que sigue permaneciendo en la oscura confusión.

-Me alegro. Que tenga una buena noche- Exclama  haciendo una pequeña reverencia e iniciando su camino hacia la puerta.  Scarlet se gira extrañada sin entender el motivo de aquella extraña y corta visita, pero le atribuye aquel raro comportamiento a la timidez.  Toma valor para que Gerard se sienta cómodo y retribuido en sentimiento haciéndole una invitación.

-Venga mañana temprano. ¡Estaría encantada de mostrarle el jardín y los corazones sangrantes!-

-¿Los que?- Pregunta Gerard girándose.

-Los corazones sangrante-  Responde Scarlet feliz de capar nuevamente su atención. –Una flor especial que solo crece en este jardín- Agrega.

Gerard asiente  y se gira sin decir una palabra más.  Se encamina hacia la puerta donde Atita lo espera con la puerta abierta y una lagrima en la mejilla. Atraviesa el umbral sin atreverse a preguntarle el motivo de aquella tristeza  porque cree saber la razón, la cual es corroborada por el fuerte portazo que esta da  justo cuando él sale.



Mientras todo eso pasa, cientos de kilómetros rio abajo, Luciana es visitada en su camarote por el capitán del barco que ha sido informado sobre su condición febril, y esta alarmado con la posibilidad de  que el cólera haya subido al barco sin comprar boleto.  Sabe que de ser así, tendrán que permanecer en cuarentena en el barco cerca a algún puerto. La observa  desde el umbral si atreverse a entrar por temor de contagiarse. No sabe que hacer ya que ningún pasajero ni la tripulación tiene conocimientos médicos. Era Luciana la que tendría esa responsabilidad y por eso le dio buen precio en el boleto y uno de los mejores camarotes, pero era justamente  ella la que amenazaba la seguridad del viaje.

Luciana se siente observada  y se incorpora en su cama cuando ve al capitán en la puerta con cara de preocupación. Comprende la situación y trata de calmar al desconfiado capitán.
-No se preocupe, estoy bien-

-¿Tiene usted cólera?- Exclama el capitán con tanta fuerza que más que una pregunta parece una acusación.

-No señor. Solo es el cambio de clima y una semana sin un adecuado baño- Responde Luciana observando  con desdén el platón, la jarra con agua y las dos toallas que tan solo permitían el aseo de las áreas más íntimas.

-¿Por qué esta tan segura?-  Pregunta acariciándose el bigote y  aun con desconfianza.

-No la he utilizado-  Luciana le señala la bacinilla que se encuentra en una esquina. -y como sabrá no he salido del camarote para utilizar los baños-

-¿Y eso qué?-

-¡Que los enfermos de cólera mueren de diarreas más que de fiebres!- Exclama  Luciana con  exasperación ante la ignorancia del capitán que la coloca en una incómoda conversación. El capitán comprende  y su vergüenza es opacada por la tranquilidad de  un viaje seguro.

-Enviare una mucama para que se haga cargo de usted el resto de viaje- Exclama cerrando la puerta del camarote y dejando a Luciana sin fuerzas por la pequeña batalla. Se desploma nuevamente en su cama  y su mente viaja hacia su casa y su hermana, con pequeñas estaciones en los  recuerdos de los momentos con Gerard.

 Mientras tanto, Scarlet se desploma en la mecedora de su madre con una enorme sonrisa desconociendo la cruel jugada de la muerte en su intento por poseerla y Gerard camina confundido sin saber que es  la ficha  movida para derrotar a una  aguerrida mujer que regresa en un barco mientras se consume en la fiebre y delirios.






NOTA DEL AUTOR


Gracias por leer esta historia a la cual le entregare mi corazón como a un  primer hijo. Igualmente agradezco sus comentarios ya que son el combustible que me empuja a continuar con esta creación.











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