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domingo, 26 de enero de 2014

CAPITULO 5




Gerard observa  el amanecer sentado en la arena de la escondida playa donde descubrió hace algunos días a la diosa del agua. Los rayos naranjas violetas y azules se difuminan entre el cielo y el mar dando un hermoso espectáculo a quien lo puede contemplar, pero aunque Gerard se  siente privilegiado de ser un espectador de tal maravilla, lo que realmente desearía es poder observar la ceremonia de baño matutino de aquella mujer que ha ocupado su mente los últimos días y noches.  Pasa los minutos entre el canto de pájaros y el sonido arrullador de las olas.  Lanza al mar pequeñas piedras que se encuentra con sus dedos mientras hace dibujos en la arena a su alrededor, pero nuevamente ella no aparece. Escucha a la distancia las campanas de la iglesia que anuncia la misa de las nueve de la mañana, entonces se levanta y se sacude la arena de la ropa para iniciar su camino de vuelta a la posada de Petra, donde Cedric debe estar esperándolo para retomar la búsqueda de un buen negocio en el cual invertir.

Cuando llega a la posada no encuentra a su amigo en el comedor devorando la mitad de las reservas de la casa, tan solo encuentra una nota que dice que se canso de esperarlo y se fue a conocer un hombre que vendía su empresa licorera donde el ron era su principal producto. Gerard se sienta en el comedor algo molesto, aunque la verdadera razón de su disgusto es que fracaso una vez más en su intento de ver a aquella mujer. Toma un trozo de pan de la cesta que hay en la mitad del comedor y se queda esperando que alguna de las tres empleadas de la posada llegue a atenderlo, pero la paz del comedor se ve interrumpida por un escalofriante grito proveniente de la parte posterior de la casa en donde duermen las criadas. Gerard se levanta de la silla pero no se mueve de su lugar. Quiere ir a ver que pasa pero una de las advertencias de la anciana Petra para los huéspedes es la de no ir por ningún motivo al refugio de las mujeres. Pocos segundos después el mismo grito aterrador se siente en toda la casa y la anciana Petra sale de su cuarto con una barra de acero en sus manos.

-¿Que sucede?- Le pregunta a Gerard al verlo en la mitad del comedor.

-No lo se, pero viene de la parte posterior de la casa-

-¿Del cuarto  de las criadas? - Pregunta aterrada, pero antes de que Gerard pueda asentir  se escucha el tercer grito.

-¡Es Martina!- Exclama la anciana al reconocer el alarido de la mas antigua y  mejor de sus empleadas. Gerard toma de sus manos la barra y se dirige hacia la  habitación de donde provienen algunos murmullos y sollozos.  Toma la barra con ambas manos y empuja fuertemente la puerta con su hombro, lo que hace que la esta se abra inmediatamente y él irrumpa embravecido en la habitación seguido de la anciana. Pero suelta inmediatamente su barra al ver la increíble escena que protagonizan las tres empleadas.



Martina se encuentra tendida en la cama semidesnuda y  entre sus piernas las manos de la una de las criadas. En la cabecera esta la más joven sosteniéndole la espalda y un pañuelo en la frente mientras que Martina se retuerce del dolor. Un prominente abdomen delata la existencia de un extravió Juvenil que fue bien ocultado a la anciana Petra, que no permite niños ni animales en su posada.

-Madre de Dios- exclama la anciana, pero sus palabras son ahogadas por otro grito ensordecedor de  Martina.

-Creo que va a morir- exclama una de las criadas entre sollozos. – Lleva toda la noche en trabajo y el bebe no quiere salir- Agrega frustrada.

Gerard se queda paralizado observando el vientre de la criada. Le sorprende que aquella mujer supiera ocultar de una manera tan astuta entre boleros y enormes faldas la presencia de tan gigante vientre. Pero una voz ahogada y suplicante lo saca de su perplejidad y le revive un antiguo talento que el creía muerto.

-Por favor ayúdenme, no  quiero morir- 

Gerard corre inmediatamente hacia ella y desplaza a la criada que esta entre las piernas de Martina. La anciana Petra corre tras él y lo toma del cuello de la camisa intentando llevárselo de aquel lugar.

-No señor, esto es trabajo de mujeres-

-Déjeme Petra- Se suelta  Gerard del agarre de la anciana y vuelve a ubicarse entre las piernas de Martina. –Soy Doctor- Agrega para dejara todas las mujeres en aquel cuarto pasmadas con esa información, pero él se encuentra realmente asombrado de sentir resucitada aquella vocación que el creía muerta desde hace mas de tres años.

Comienza a dar instrucciones a la anciana y a la criada mientras que la más joven la reconforta desde la cabecera. Martina se encuentra más receptiva y dispuesta para hacer todo lo que él le dice esperanzada en salir con vida. Él masajea su abdomen con el ceño fruncido y luego vuelve a introducir sus manos entre las piernas de la adolorida mujer. Después de algunos desgarradores gritos, Gerard le ordena que empuje y ella lo hace expulsando a una pequeña bebe oscura como una taza de café revelando la raza del padre. Gerard la envuelve rápidamente en una manta que llevó Petra y la coloca en los brazos de la exhausta pero agradecida madre.

-Por Dios Martina, creí que lo que tenias en esa enorme barriga era un ternero, pero lo que te sale es una pequeña lagartija- Se burla la anciana Petra que se sienta al lado de la nueva madre. Todas sonríen y acarician a la cría, hasta que nuevamente Martina da un grito de dolor.

-¡Lo que sospeche!- exclama Gerard que se limpiaba las manos en una vasija. Se ubica nuevamente entre las piernas de Martina y le pide que puje.

De Martina sale una segunda bebe, blanca como la madre, pero para sorpresa de todas las mujeres no es el ultimo grito de dolor en la habitación. Cuando La madre trata de pujar por cuarta vez no puede. Esta tan cansada de las tres pujas que su cuerpo no le permite mover ni un dedo. La anciana Petra camina como loca por la habitación renegando y alabando al mismo tiempo.

-¡Cállese!- La reprende el exasperado Gerard que no soporta una palabra más de la ruidosa anciana.

-¡Lo hare por una semana si logra salvar esas dos criaturas, o las que falten!- Le implora a Gerard que se posiciona sobre el vientre de la mujer intentando empujar hacia abajo su abdomen. Después de dos maniobras logra expulsar una cuarta niña que no se mueve. Gerard toma la inmóvil bebe blanca como la madre y la mueve fuertemente para que la pequeña respire pero aun no logra que emita ningún sonido.

Petra comienza a gritar oraciones y lamentaciones, pero Gerard le da una mirada asesina con lo que la mujer se pasa el dedo por los labios simulando que sella su boca. Envuelve la bebe en una sabana tibia y oprime su pecho con presiones cortas con el dedo. Después la toma y aspira con su boca la nariz y boca de la bebe. Las mujeres observan perplejas con la respiración sostenida hasta que un pequeño maullido como el de un gato proviene de la creatura. Él se la entrega a una de las criadas, sale al comedor para buscar una botella de vino  y se sienta en una silla igual de exhausto que la madre pero enormemente complacido de su tarea. En menos de una hora logro ayudar a traer al mundo cuatro dulces niñas. Dos  como el ébano  y dos como el marfil.

Cuando lleva la botella casi por la mitad, siente los pasos de Cedric en el pasillo.  Este al verlo con la camisa manchada de sangre desenvaina un cuchillo y observa alerta alrededor buscando una victima o la amenaza de un enemigo oculto.

-No me lo vas a creer Cedric, pero pude ocuparme de cuatro mujeres-

Cedric abre los ojos como platos creyendo que su amigo enloqueció y asesino a las tres criadas y la anciana. Tal vez buscando una pena de muerte que lo sacara de su miseria. Se acerca cautelosamente a Gerard y le quita la botella de las manos.

-Tranquilo. Te ayudare a ocultar los cuerpos y escaparemos antes de que los descubran- Exclama pasándose ambas manos por la cabeza.

- ¿De que rayos hablas?- Le pregunta Gerard con el ceño fruncido sin entender a que se refiere.

-¿De que rayos hablas tú?-

-Martina acaba de tener cuatro bebes-

-¡Oh  gracias a los cielos!, creí que habías asesinado a las criadas y a la anciana- Resopla y se desploma en una silla al frente de Gerard.

-Estas loco ¡Yo nunca haría algo como eso!- Responde cerrando su puño sobre la mesa.

-Lo se, no se que demonios pasa conmigo. Lo siento- Exclama Cedric levantando las manos en señal de excusa.- ¿Estas bien?- Pregunta al ver el extraño brillo de nuevo en los ojos de su amigo.

-Si estoy bien, de hecho muy bien-

-¿A que te refieres?-

-Creo que ejerceré de nuevo la medicina- Responde Gerard no muy convencido pero con una pizca de emoción.

-¡Esas son excelentes noticias!- Cedric suelta un suspiro y toma un enorme sorbo de la botella de vino. – Creí que me matarías cuando supieras en que invertí gran parte de nuestro dinero. Pero ahora que ya tienes una nueva vocación tan solo serás un socio silencioso-

-¿Que demonios hiciste Cedric?-

-Compre una enorme casa en la calle del molinete- Responde aprensivo sin dejar de observar a su amigo. Gerard sabe que no es un barrio de la elite de la ciudad donde seria más agradable para establecerse, pero la mirada picara de Cedric le advierte sobre algo mas.

-¿Para vivir en ella?- pregunta tratando de descubrir que hay tras aquella sonrisa burlona que comienza a esbozarse en el rostro de su amigo al otro lado de la mesa del comedor.

-No, para unificar los dos negocios que ayer en la mañana compre-

-¿Cuales?- Pregunta Gerard sintiendo como se construye en su interior la rabia por saber de aquella compra sin su consentimiento.

-Los dos burdeles más antiguos de la ciudad, con un seleccionado grupo de mujeres-
Gerard se levanta furiosos de su silla y Cedric hace lo mismo sonriendo burlón, sabiendo que debe emprender una carrera antes de que su amigo lo alcance. Sale como un rayo por la puerta dejando al podre de Gerard a medio camino del pasillo con una mezcla de enojo y admiración por la locura del nuevo negocio.



Después de algunos minutos Petra sale de la habitación seguida de una empleada. Gerard le pide a la joven que le lleve mucha agua al baño de su habitación para poder asearse correctamente pero la anciana lo toma de la mano sin emitir una sola palabra y lo lleva hasta su cuarto. Es una enorme habitación con una cama que bien podría servir para cinco personas, hay pequeñas mesas decoradas con hermosas flores y un chaise  longue  de terciopelo purpura con patas doradas que se roba toda la atención del lugar.  La anciana lo empuja para que siga y lo lleva hasta una puerta al costado de la habitación. El la abre y encuentra una bañera gigante llena de agua y con un suave aroma a romero. Tras ella se encuentra una ventana de igual tamaño que le ofrece una vista impresionante y a un los pies de la bañera hay una barra llena de  toallas con bellos bordados. El se queda observando la relajante habitación sin entender que desea la anciana hasta que la criada se lo explica.

-La señora Petra desea que usted haga uso del baño, como agradecimiento por su ayuda con Martina-

Gerard se gira hacia la anciana que lo invita a seguir con un gesto de la mano.  Esta ansioso por sumergirse en aquella refrescante agua luego de las emociones de la mañana y el calor sofocante del medio día que comienza a llenar la casa.

-¿Esta segura?- pregunta a la anciana que tan solo se limita a asentir  con la cabeza y luego sale con la criada dejándolo solo para que disfrute del baño que ella no alcanzo a utilizar.





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En la casa Lemaitre las hermanas  organizan los arreglos florales que deben ser llevados a  la ciudad. Las entregas se realizan los domingos, por que los fines de semana Luciana no trabaja en el hospital, lo que les permite dormir en la noche y levantarse temprano para llevarlos personalmente y hacer  los cobros. Scarlet le da los últimos detalles mientras que  Tiberio lleva los arreglos listos a la carreta alquilada.  Cuando terminan de ubicarlos Luciana se sienta en la parte posterior entre las flores y Tiberio se sienta al frente llevando las riendas del caballo. Scarlet sale de la seguridad de la casa hasta la acera donde se preparan para partir y se acerca a Luciana.

-Si no me dices que es lo que te tiene tan pensativa, me monto en esta carreta y me voy contigo hasta que me lo cuentes-

-Ni se te ocurra. Sabes que es peligroso salir y mas en domingo-

-Lo se, pero lo que realmente me matara es verte tan desconcentrada y perdida en pensamientos de los cuales yo no se. ¡Así que habla ya o me monto!- La amenaza Scarlet tomando  el bajo de su vestido para prepararse a subir en la carreta.

-Esta bien, te lo diré cuando regrese- Responde Luciana resignada. Le da un beso en la mejilla a  Scarlet, que regresa a la seguridad de la casa  con una gran sonrisa. Al fin sabrá cual es la causa de las extrañas palabras que su hermana murmura en sueños desde que fue perseguida supuestamente por perros rabiosos.

Luciana y Tiberio Emprenden su camino hacia la iglesia para entregar los arreglos mas grandes antes de la misa de las nueve, continúan con las casas de las familias mas adineradas de la ciudad, que son las que encargan los arreglos mas coloridos, y luego van a visitar el cliente menos apreciado por Luciana pero de vital importancia para el negocio. Se trata del burdel de Cleo, una mujer que perdió entre las arrugas su increíble belleza y que se queja a diario por no poder llevar una vejez tranquila al lado del mar.

Luciana espera en la carreta a unos metros de la entrada del burdel a Tiberio que es quien realiza la entrega, se abanica fuertemente para desplazar el bochorno de la ciudad y el que le causa sentirse tan cerca de un lugar tan vetado, de repente  un hombre con una enorme sonrisa sale del lugar, se para frente a la carreta  y observa a Luciana que se abanica y esquiva la mirada.

-Buenos Dias Señorita- la saluda el hombre.

-Buenos dias señor- Responde Luciana y lo observa rápidamente. Se asusta con la terrible cicatriz que tiene en el cuello, pero la mirada tranquila y acogedora en sus ojos le dice que es un buen hombre a pesar del lugar de donde sale.

-Me imagino que usted vende las flores para la señora Cleo- Pregunta Cedric.

-Así es señor- Responde Luciana un poco incomoda por la relación que la une a  la celestina más vulgar de la ciudad.

-¿Y se las pagan bien?-

- Creo que si, aunque debería cobrarles mas por la vergüenza que me da el tener que traerlas - Responde Luciana haciendo una mueca. Cedric suelta una carcajada por la gracia que le produce las palabras  de la bella mujer.

-Bueno, tal vez así deba ser- Responde y le hace una venia en modo de despedida  a la cual ella responde con una sonrisa timida. Luego se gira y  se va silbando alegremente dejando a  Luciana confundida por darle la razón.



Tiberio sale del Burdel después de cuarenta minutos que parecieron horas para Luciana. Le dice que la anciana Cleo le informo que es la ultima vez que le compra los arreglos ya que  vendió el lugar y no sabe si el nuevo dueño desea adquirir sus flores. Luciana se lamenta al creer perdido un importante cliente y emprenden su camino para llevar la última entrega. Las flores para la posada de Petra.

Cuando llega a la casa  baja de la carreta con los dos últimos arreglos y atraviesa el portón llamando a Martina quien siempre le recibe las flores. Como nadie sale a su encuentro entra hasta el comedor y  allí encuentra a las criadas y a la anciana Petra. Las mujeres cargan  a dos bebes cada una mientras que la anciana corta en mitades enormes sabanas blancas  en la mesa.

-Buenos Días señora Petra, aquí traigo sus flores- exclama sin dejar de observar a las mujeres y las criaturas. Doña Petra le regala una tierna sonrisa a Luciana, pero no le dice nada y sigue cortando.

-No puede hablar por una semana- Murmura la mas joven de las criadas- ¿Podría usted llevar las flores a la cocina?- Agrega.

-¿Por supuesto, y donde esta Martina?

-Convaleciente. Acaba de tener estas hermosas creaturas- Susurra la segunda criada. Luciana da un respingo por aquella inesperada información pero trata de no mostrar su asombro. Asiente con la cabeza y se dirige a la cocina, pero en el camino decide llevarlas hasta el cuarto y arreglarlas ella misma para que las mujeres puedan ocuparse tranquilamente de las bebes.

Mientras tanto en el cuarto de baño de Petra, Gerard se siente relajado y fresco. Se levanta de la  bañera y se dispone a tomar una de la toallas, pero en el ultimo segundo decide no abusar de la confianza, intimidad y pertenecías de la anciana. Se escurre toda el agua que puede y sale de la bañera esperando secarse solo con el aire. De repente escucha que la puerta de la habitación se abre y una mujer ingresa tarareando una canción.  No le da importancia porque cree que es una de las criadas y se queda de pie esperando que finalmente se seque su cuerpo para recoger su ropa y colocársela.  Pero lo que no imagina, es que  la mujer que entra a la habitación contigua es la diosa del agua que él esta buscando.

Ella coloca las flores sobre una de las mesas y observa todos los jarrones que contienen los antiguos arreglos, se dirige hacia el mas grande que esta junto a la cama y toma las flores viejas y las deposita en un canasto de mimbre con basura que se encuentra cerca, luego toma el florero y se dirige al baño para vaciar el agua del jarrón pero cuando abre la puerta del baño este cae al piso haciéndose mil pedazos.


El hombre de sus pesadillas o de sus sueños se encuentra frente a ella y sin una sola prenda de ropa que le abrigue la decencia. Ella ya conoce el cuerpo de los hombres desnudos, pero todos los que  ve, pertenecen a pequeños, ancianos o a pobres hombres que se consumen en las enfermedades. Están muy lejos de aquel musculoso y bien formado cuerpo.  Gerard se queda pasmado, mas por la sorpresa de encontrar a la mujer que ha estado buscando, que por la de ser encontrado por ella y  desnudo.

Nuevamente el silencio y la incredulidad se ciernen sobre ellos. Luciana observa como una pequeña gota de agua sale de la punta de un mechón del cabello de aquel hombre y cae en su tórax. La sigue con la mirada mientras le rueda por el  pecho, continua por un surcado abdomen y sigue su camino hacia el sur. Gerard la observa mientras ella le hace el recorrido con la mirada y antes de que llegue a su virilidad la interrumpe.

-¿Acaso esta es una venganza por mi  interrupción de su baño en la playa?-

Luciana levanta la cara enrojecida y tartamudea una disculpa, pero la mirada picara y la endiablada sonrisa de aquel adonis, hace que el calor de su rostro se le difunda por todo el cuerpo. Se gira y sale corriendo nuevamente mientras que Gerard recoge su ropa y la llama.



-¡Señorita espere!-  Le grita mientras corre tras ella intentando colocarse los pantalones,  pero cuando sale de la casa, ella ya esta demasiado lejos en la parte posterior de una carreta que se va rápidamente por la calle.



NOTA DEL AUTOR



Gracias por leer esta historia a la cual le entregare mi corazón como a un  primer hijo. Igualmente agradezco sus comentarios ya que son el combustible que me empuja a continuar con esta creación.





domingo, 19 de enero de 2014

CAPITULO 4





Gerard sale de su camarote con un talego de tela que hace la función  maleta. Lleva en el tres pantalones, dos de los cuales se encuentran manchados por la grasa del molino o los jugos de la caña; cuatro camisas  de tafetán en igual estado, dos pares de medias y tres calzones con faja de seda, ya que en los calores de cuba renuncio al uso de los calzones de lana. Lleva puesto el pantalón de trabilla,  la camisa de seda y el chaleco de brocado que llevaba el día que salió de Francia al igual que las zapatillas negras, y al hombro lleva la chaqueta que no se pone por el calor agobiante del lugar.   Para algunos luce como un desafortunado que cayo en la desgracia de la bancarrota, pero para otros luce como un ladrón que ha robado la ropa de un millonario de algunas tallas menos. Cuando Cedric sale del camarote para su encuentro se sorprende al verlo. Solo en ese momento es consiente de cuanto a cambiado su amigo desde la ultima vez que estuvieron en un barco. Lo único que no le cambia es la mirada triste de un hombre sin ilusión. Un hombre que no vive el mundo, un hombre que tan solo que se resigna a existir.

Pero Gerard se sorprende aun más al ver lo que lleva puesto Cedric. Parece un hombre sacado de las letrinas del barco. No huele mal pero su ropa deja mucho que desear.

-¿Por que llevas eso?- pregunta Cedric mirando de arriba a bajo al elegante Gerard.

-Lo mismo te pregunto a ti-

-No se si recuerdas pero llevamos mucho oro en esta bolsa. No podemos darnos el lujo de que nos roben en una ciudad desconocida- Murmura Cedric  cuando inician su camino por el pasillo hacia estribor donde se encuentra la escalera de madera que los llevara al muelle.

-No te preocupes, no creo que tengamos apariencia de ricos-

-No me arriesgare-

- Entonces que sugieres que hagamos-

-Por lo pronto bajar de este maldito barco. Quiero tocar tierra firme. Pero debemos buscar un buen sitio para pasar la noche. Y esperemos que haya un banco en el cual guardar estos ahorros  mientras encontramos como invertirlo-

Cuando bajan a tierra firme, preguntan por separado a los coteros   que se encuentran descargando los baúles de los demás pasajeros por un lugar para pasar la noche, y todos les sugieren ir a la posada de la señora Petra.  Se internan en la ciudad  con las indicaciones que les dieron todavía cohibidos. Temen que los hombres del muelle los envíen a un sitio de mala muerte donde sean un blanco fácil para ser despojados de sus pertenencias, pero para su sorpresa y tranquilidad, en el camino se encuentran con una pequeña tienda en cuya fachada se leía BANCO DE CARTAGENA.

-Ven Gerard, debemos asegurar nuestro futuro- dice Cedric tomándolo del brazo en dirección al banco.  Ambos entran y el hombre que se encuentra al otro lado del mostrador se dirige a ellos diligentemente pero es a Gerard al que le ofrece sus palabras.

-Buenas tardes señor, ¿en que puedo ayudarlo? -

-Queremos hacer un depósito por una semana- Responde Cedric inmediatamente. El hombre se gira hacia él observándolo de arriba abajo.

-Solo recibimos depósitos superiores a cinco pesos- Responde desdeñosamente al mal vestido de Cedric. –  o puedo recibirles 30 monedas de Niquelo o de cobre pero por un mes- Agrega igual de despectivo. Cedric no puede ocultar su enojo y coloca sobre el mostrador la bolsa que emite un sonido inquietante para el banquero.

- ¿Y a cuantos pesos equivalen setenta y nueve  monedas de oro?- Pregunta ofendido.

El hombre al otro lado del mostrador se queda estupefacto con aquella pregunta pero luego de algunos segundos logra recuperarse y pone en marcha su cerebro para hacer la conversión.

-Eso equivale a ser los mayores clientes de este banco- Finalmente responde con un brillo en la mirada que bien podría parecerse al destello del oro.

-Perfecto, ya conoce la cantidad de dinero que su banco dejo de obtener por imbécil- Responde Cedric, toma la bolsa  y se dirige a la salida, pero para tranquilidad del hombre Gerard lo detiene.

-No creo que sea buena idea seguir deambulando sin saber a donde ir, y menos ahora cuando revelaste nuestro valor- 

Cedric  se lamenta de su indiscreción en un grotesco francés mientras que Gerard toma de sus manos la bolsa y la coloca de nuevo en el mostrador. Le da una intimidante mirada al hombre que se seca el sudor de su frente con un delicado pañuelo.

-Si quiere que seamos sus mayores clientes, usted tendrá que ser nuestro mejor amigo, y si trata de aprovecharse de nosotros, tenemos otros amigos que vendrán y se aprovecharan de usted-   Luego se retira un poco y suaviza la voz.  – Pero si es justo nuestros amigos vendrán y les recomendaremos su banco y por supuesto su amistad- Agrega cortésmente. El hombre suelta un suspiro y luego una sonrisa invitándolos  a  seguir al cuarto que esta al fondo.

-Sigan señores, soy Mariano Dávila, su nuevo mejor amigo-

Luego de medio día de negociar conversiones e intereses, los tres hombres terminan la reunión complacidos con los resultados. Cuando ya se preparan para salir Gerard hace una última pregunta.

-Señor Dávila, ¿puede recomendarnos un buen lugar para pasar la noche?-

- La casa Colonial es un lugar hermoso donde se hospedan los personajes ilustres, pero les recomiendo que se queden el la posada de  la señora Petra-

Gerard y Cedric se observan uno al otro sorprendidos de tener nuevamente la misma recomendación, así que deciden pasar la primera noche en ese lugar y luego evaluaran las oportunidades que la ciudad les puede brindar.



Petra era una anciana mulata de  contextura gruesa y hermosa sonrisa con dientes que parecían perlas. Era la hija de dos esclavos que lograron comprar su libertad luego de veintiocho años al servicio de una familia española que vivía en Villa de Leiva. Cuando obtuvieron su liberación, viajaron con la joven Petra en busca de una ciudad costera que les recordara su infancia en las costas africanas, pero murieron de tedio poco después de instalarse en la ciudad dejándole a la joven tan solo una pequeña choza para resguardarse, que ella con los años convirtió en una hermosa casa con vista al mar.  Era una casa  muy  agradable gracias a la brisa que llegaba y refrescaba cada uno de los cuartos de la casa, además, tenían bellos arreglos florales que aromatizaban el lugar creando una atmosfera muy acogedora. Pero lo que mas les gustaba a los extranjeros de la posada de Petra, es que ella permitía pagar la estancia  tan solo con descripciones detalladas de los lugares de donde provenían, lo que la hacia soñar en las noches como visitante de aquellos lugares.
Cuando los dos hombres llegaron lo primero que les pregunto Petra fue su lugar de procedencia, pero cuando descubrió que llegaban desde Cuba se desilusiono y les cobro por anticipado la estadía de tres noches. Conocía  cada rincón de cuba por los miles de relatos que traían los esclavos que lograban llegar desde la isla y que ella generosamente ayudaba mientras encontraban un sustento. Al ver el desinterés de la anciana y conociendo por boca de Mariano Dávila los gustos de la mujer, Gerard le confeso que eran provenientes de Marsella, lo cual despertó su curiosidad, pero quedo sorprendido al escuchar la petición de la mujer.

-Los dejare quedarse por una semana porque quiero saber como luce cada rincón de su ciudad, pero debe ser tu sirviente el que me lo cuente- exclama mirando a Cedric que tan solo suelta un bufido exasperado por la clasificación que su atuendo le da, pero Gerard pregunta extrañado la razón y la mujer lo deja con un mal sabor en la boca y un dolor en el pecho con su respuesta.

-Soy una mujer que ve el mundo a través de los ojos de mis visitantes. Este pobre hombre tiene en ellos amor por la vida, pero los suyos, solo dejan ver la tristeza del amor perdido-

Son casi las sieis de la mañana y las primeras luces aparecen en el horizonte mientras que Luciana se sumerge en las olas del mar como lo hace todos los días luego de su turno nocturno. Parte de su rutina consiste en salir del hospital hacia una playa rodeada de manglares, donde ningún alma  atreve a adentrarse, pero ella lo hace sabiendo que  la playa que se esconde tras aquellos apestosos vapores de manglar, bien podría ser una sucursal del paraíso.  Lo hace esperando que el agua pueda lavar los restos de dolor que se le impregnan a diario después de ayudar a los pobres moribundos del hospital. Pero principalmente para evitar llevar en su piel cualquier peligro infeccioso para Scarlet.



Para llegar a la playa Luciana debe  caminar  por el frente de las troneras de las murallas, donde los amantes nocturnos despliegan su amor clandestino. En esta parte del recorrido aligera el paso y toce fuertemente para evitar escuchar los gemidos  y gritos de placer, sin saber que su desfile por aquel lugar se convirtió para los amantes sin refugio en una señal del despertar de la ciudad y por lo tanto del cese de las demostraciones de amor. Luego pasa debajo de los balcones de la posada de la anciana Petra y los de  cinco casas más, para salir a una pequeña playa que termina donde empiezan los manglares.  Al llegar  a ellos, se cerciora de que nadie la observe  y levanta una rama que esconde un pequeño camino de piedra  que ella misma fue construyendo a lo largo de tres años. Cuando finalmente atraviesa el manglar y llega a su paraíso escondido se despoja de su ropa dejando solo su camisón hasta la cintura y las bombachas que le llegan a las rodillas. Deja el delantal y la túnica en su bolso de fique que también guarda un sencillo vestido que se coloca después del baño, y luego  se zambulle en el mar.

Esa madrugada se queda mas de tiempo sumergida en el agua, tratando de sacarse del pecho las ansias que le dejo aquel silbido del barco de la tarde anterior. Se deja mecer largo tiempo por  las olas mientras flota observando como el cielo  se baña lentamente de luz, hasta que recuerda que esa mañana llegara el comerciante con las bolsas de pastor para Scarlet. Sale del mar concentrada en escurrir el agua de su larga cabellera, pero se congela cuando por el rabillo del ojo logra identificar a diez pasos de ella la silueta de un hombre que la observa.
Gerard ha pasado toda la noche en vela pensando en las palabras de la anciana. No se lamenta por se un hombre triste, pero lo desconcierta saber que ama su tristeza. La ve como un merecido castigo por no salvar a Abigail y por lo tanto se complace en ser castigado. Sale de su cama y se dirige al balcón para tomar aire mientras que espera que la ciudad termine de despertarse y él pueda entretener su mente con la búsqueda de un nuevo negocio o empleo. Sale para ver el amanecer en el horizonte, pero su atención se desvía a  la derecha, al  ver a la distancia cerca a los manglares una silueta gris que se pierde en ellos. 

Sale de la habitación y baja las escaleras colocándose la chaqueta para protegerse de los vientos del amanecer, llega a la playa y camina por ella tratando de identificar en los manglares el sitio por donde se perdió la sombra. Siente una inquietante necesidad de saber que podría ser aquella figura, pero cuando llega a ellos no puede ver más que la espesura de las ramas, raíces y hojas. Camina por el borde del manglar una y otra vez pero no logra encontrar algo que le indique un camino a seguir. Esta a punto de rendirse, pero una extraña fuerza que lo hala desde el manglar lo lleva a mover  una rama donde se abre un pequeño camino con piedras. Mira alrededor y con un último vistazo a la ciudad que queda tras él se adentra en los arboles.

Atraviesa lentamente el manglar teniendo especial cuidado donde pisa, esquivando pequeños cangrejos que se le atraviesan en el camino, hasta que finalmente sale a una hermosa pero pequeña playa en forma de media luna rodeada en su totalidad por manglar. Gerard se queda fascinado observando el contraste de la hermosa y diminuta arena con el verde frondoso de los arboles y admira silenciosamente y sin moverse de su lugar,  a las elegantes garzas blancas que se posan en las puntas de estos. Finalmente se gira hacia el mar para admirar el amanecer en el paraíso, cuando ve en el agua una figura humana que flota en el vaivén de las olas. Su instinto lo empuja y sale corriendo en dirección al cuerpo que posiblemente se esta ahogando, pero se detiene en seco cuando el cuerpo se endereza en el agua y una hermosa mujer casi desnuda comienza a salir de ella.



El ve como toma su largo cabello negro entre las manos y lo exprime mientras que el agua  hace que su camisón y bombachas se le peguen al cuerpo creando una segunda piel. Gerard la observa  como camina  perdida en sus pensamientos sin percatarse de  su presencia hasta que finalmente lo ve y se queda al igual que él, clavada en la arena.

Se quedan estáticos mirándose a los ojos. Cada uno se asegura de que su mente no le este jugando una mala pasada creando la ilusión de otro ser humano a pocos pasos. Luciana comprende finalmente que es un extraño el que se encuentra a pocos metros y comienza a temblar por el terror de ser descubierta casi desnuda en un sitio tan alejado sin poder ser auxiliada. Gerard al ver aquel estremecimiento comienza a retirarse la chaqueta para ofrecérsela a aquella diosa del agua y protegerla del frio, pero Luciana lo interpreta como señal inequívoca de un hombre con ventaja que se dispone a sacar provecho de ella. Sabe que sus gritos de ayuda no podrán ser escuchados, así que hecha mano de su  inteligencia buscando la manera de persuadir al hombre en sus intenciones.

-Lo lamento señor, pero he trabajado toda la noche en las troneras de las murallas y atendí a siete hombres. Si decide respetar mi cansancio, prometo ofrecerle mis servicios gratis al anochecer y darle precio especial por una semana entera- Exclama altiva tratando de imitar la soltura que ella observa en las prostitutas cuando visitan algún enfermo en el hospital.

-Discúlpeme usted señorita, pero no entiendo que son las troneras- contesta Gerard aun fascinado por el sonido dulce de su voz. Luciana logra identificar un extraño acento en la respuesta de aquel hombre lo que le indica que es un extranjero recién llegado que aun no visita los burdeles ni los nidos de amor de las prostitutas.

-Lugares en los que las mujeres de la mala vida atendemos a los hombres que buscan diversión de una noche-  Contesta Luciana haciendo su camino hacia su mochila de fique para tomar el vestido. Gerard la observa mientras camina y comprende que no es una prostituta, solo una mujer evitando inteligentemente ser agredida. La turgencia de aquellos senos no son  como los de las mujeres que acostumbraba a llevara los cañaduzales. Es imposible que la mano de un hombre se haya posado en tan perfecto cuerpo.

-Es extraño que se refiera a usted misma como mujer de la mala vida. Generalmente son palabras utilizadas por señoritas ajenas a tan antiguo oficio-  Se burla Gerard terminando de quitarse su chaqueta. Tiene la necesidad de hacerla sentirse segura pero no puede evitar burlarse de ella. Luciana acelera el paso y toma rápidamente la mochila para cubrirse  con ella. Luego observa a Gerard que le ofrece la chaqueta.

-No se preocupe, no intentare nada con usted, aunque fuera prostituta, cosa que es difícil de creer-

-No necesito su chaqueta, tan solo gire para poder vestirme- Responde Luciana confundida al comprender que aquel hombre a pesar de no creer su historia no intentara propasarse. Sin embargo, no baja la guardia cuando Gerard da la vuelta para que ella pueda colocarse más a gusto su vestido.

-Me alegra escuchar que no intentara tomarme por la fuerza, ya que mi amante es el negro Matias, que posee la embestida de un burro. Entonces entenderá que cualquier atención suya solo podrá dejarlo en ridículo- Agrega Luciana cuando termina de colocarse el vestido. Luego  corre hacia el manglar para escapar de aquella playa donde queda Gerard fascinado con la astucia de aquella hermosa mujer.

Scarlet se encuentra en la cocina terminando de guardar los ingredientes que sobraron de la preparación de su medicina, cuando siente los pasos de su hermana que viene por el pasillo. Sale a su encuentro pero es atropellada por el abrazo de Luciana. Siente su corazón galopante y la respiración agitada, lo que hace que el temor se apodere de ella del mismo modo que su hermana.

-¿Que sucede Luciana?- Pregunta angustiada.

-¿Podrías regalarme un vaso de agua?-

-Por supuesto, ven y siéntate mientras lo sirvo- Contesta Scarlet dejando a su hermana temblando en la silla y sirve el agua. Luciana nota en el rostro de Scarlet el miedo que comienza a apoderarse de ella mientras le recibe el vaso, entonces decide mentirle para no preocuparla.

-He tenido que correr siete cuadras para llegar a casa. Me tope con dos perros que tenían rabia y por poco me atrapan-  Contesta sin mirarla a los ojos y se toma el agua rápidamente, pero Scarlet que bien la conoce sabe que algo diferente sucedió y se lo esta ocultando. Sin embargo decide callarse y dejar que su hermana se tranquilice.



Gerard regresa a la posada para encontrarse a Cedric sentado en un enorme comedor devorando todos los platos que la anciana Petra coloca frente a él.  Se sienta a su lado y toma un pan de una canasta en el centro de la mesa. Cedric se gira y frunce el ceño cuando lo ve.

-¿Que pasa?- Pregunta muy sorprendido y dejando escurrir por su boca pedazos de fruta.

-¿A que te refieres?-

-Por mil demonios Gerard, ¡Creo que tienes una sonrisa en tu rostro!- exclama al ver los dientes de Gerard revelados por primera vez en los tres años que llevan juntos.




NOTA DEL AUTOR



Gracias por leer esta historia a la cual le entregare mi corazón como a un  primer hijo. Igualmente agradezco sus comentarios ya que son el combustible que me empuja a continuar con esta creación.






domingo, 12 de enero de 2014

CAPITULO 3




Luego de un terrible viaje a lomo de mula por fin Gerard y Cedric llegan  al ingenio Carolina en Cienfuegos, el más grande y moderno de Cuba.  Tras medio día de espera finalmente son atendidos no de muy buena gana por el capataz. Él los observa desde su silla con los pies montados en la mesa mientras se fumaba un tabaco de exquisito olor que Cedric anhela tener en su boca. No son los esclavos que él busca para trabajar en los cañaduzales, el hombre de la cicatriz tiene buena forma, pero el joven delgado que lo acompaña pareciera que en cualquier momento se desarmaría.

-No me interesan sus servicios. Necesito hombre fuertes que puedan cortar caña-  Declara el capataz despectivo para frustrar rápidamente las ilusiones de aquellos aventureros. Gerard se queda pasmado cuando comprende la dura realidad que lo acaba de golpear. No es la de tener que trabajar como obrero, pues no lo entiende, ya que todas las palabras que han salido del estrafalario hombre de sombrero, botas y bigotes son totalmente ajenas para él. La realidad  es que no entiende ni una sola silaba del idioma. Esta a punto de salir corriendo de aquel despacho para intentar volver al puerto y regresar a Francia pero para su sorpresa su compañero de viaje le responde al capataz en el mismo idioma desconocido.

-Soy herrero y se manejar el Brissoneau Freres- Contesta Cedric en perfecto español aunque con marcado acento francés. El capataz sorprendido retira las piernas de la mesa y se vuelve a erguir en su silla. Esta fascinado con la declaración de  Cedric, no porque conozca el idioma como lo cree Gerard, es por ser muy atractiva la idea de tener un autentico francés manejando o reparando el molino de la misma nacionalidad que tantos beneficios le a traído la ingenio.

- Interesante- Responde el capataz y coloca sobre la mesa su tabaco.  - ¿Y usted?-  Pregunta dirigiéndose a Gerard.  El hombre se queda esperando la respuesta de el joven que lo mira extrañado pero es Cedric quien contesta.

-Viene conmigo a probar fortuna-

-¿Es herrero y conoce el molino?- Pregunta el capataz entusiasmado, pero rápidamente sale de su euforia con la respuesta de Cedric.

-No señor, no sabe nada de maquinas, ni tampoco el idioma-

-Entonces no me interesa, solo tengo espacio en los cañaduzales y este hombre es tan flaco que no creo que pueda levantar ni el machete-

-Es una lastima, porque entonces yo tampoco me quedo- Responde Cedric y se gira hacia la salida, pero el capataz se levanta rápidamente de su silla  para detenerlo.

-Esperen un momento-  Rodea su escritorio  y se dirige a una puerta que se encuentra a la derecha.  -Síganme y probemos su suerte - Añade y cruza el umbral. Cedric  le señala la puerta a Gerard que aun esta confundido sin saber que es lo que esta pasando.  Los dos  siguen al capataz que en su andar da ordenes como loco a todos los esclavos negros y campesinos que se encuentra en el camino por los cañaduzales. Unos metros mas allá, se encuentra una mesa llena de machetes, toma uno y se lo entrega a Gerard y luego se dirige a Cedric.

-Si este hombre logra cortar el tallo de una caña de un solo tajo, será contratado para trabajar en los cañaduzales y a ambos les daré doble paga, pero si no lo logra, tendrá que irse y usted se quedara a trabajar en el molino por la tarifa normal- Lo reta el capataz  sabiendo que el desgarbado Gerard apenas puede sostener el machete. – Si no acepta el reto, los dos pueden irse- Agrega triunfante.

Cedric observa al desubicado Gerard mientras contempla el machete que le han puesto en las manos. Se acerca y le susurra al oído lo que debe hacer con el arma que sostiene.

-No se como hacerlo Cedric-

-Si no lo haces, nos tendremos que ir y  yo realmente quiero el trabajo en este lugar-

-Es tu anhelo no el mío- Responde Gerard depositando el machete en la mesa y se gira dejando a los dos hombres allí parados. Pero Cedric es un hombre inteligente y en el corto viaje aprendió como lidiar con él.

-Trabajando aquí puedes provocar una pelea con algún esclavo y lograr que te asesine con su machete- Responde cuando Gerard se aleja.  No desea realmente que su nuevo compañero de viaje muera, pero solo teniéndolo cerca podrá protegerlo de sus locuras.

Gerard se detiene abruptamente al escuchar aquella afirmación. No le gusta realmente la idea de morir bajo el suplicio de un machete, pero no  cree poder encontrar una mejor y menos sangrienta forma de morir bajo las manos de otro hombre, que sería el que tendría que afrontarse al infierno por su muerte mientras el disfrutaría del paraíso en los brazos de su Abigail. Se gira,  camina hacia la mesa y toma el machete, pero su estilo para sostenerlo delata su inminente fracaso ante los ojos de los dos hombres que lo observan. Cedric lo detiene y  le susurra nuevamente al oído la técnica que él cree será perfecta para que Gerard logre cortar la caña.

-Aquí hay una leyenda que dice que las cañas son como los crueles tentáculos del cólera-  Le miente y se retira unos metros dejando la furia en el rostro de Gerard que inevitablemente asocia aquella inofensiva planta con la cruel enfermedad que le causo la muerte de su esposa.  Levanta el machete y da un corte perfecto que incluso en su abatida logra cortar  el tallo de otras tres cañas cercanas. Cedric esboza una sonrisa mientras que el capataz levanta ambas cejas sorprendido de tan escondida habilidad, luego se gira y le entrega a Gerard una llave.

-Son las llaves del cuarto que esta al lado del molino. Encontraras solo una cama, si tu compañero se queda en ella tendrá que dormir en el piso-

  
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Scarlet se encuentra regando los corazones sangrantes esperando la noche para poder realizar su técnica especial para el cuidado de las flores.  No quiere que algún fisgón pueda ver desde alguna ventana lo que hace y le cuente a la vieja Matilde como cuida ella de su jardín. Scarlet cree que su formula es la que hace que  sus flores luzcan mas brillantes y sedosas al tacto y por lo tanto mas codiciadas.

Justo cuando el sol comienza a esconderse Luciana atraviesa el umbral de la casa que da al jardín vistiendo su nuevo uniforme de enfermera y con dos pequeñas vasijas de barro en cada una de sus manos.  Se sienta en la única banca de madera que hay en el pequeño edén y coloca una de las vasijas a su lado, mientras que le ofrece la otra a su hermana.

-Tómatelo antes de que me vaya-

-¿Y tu collar?- Pregunta Scarlet observando el cuello cubierto de Luciana y tomando la vasija que ella le ofrece.

-Aquí esta- Responde Luciana metiendo su mano en la túnica que le cubre el cuello hasta la barbilla y mostrándole el collar a su hermana para colocarlo de nuevo debajo de la túnica abrazado por sus escondidos senos. – No quiero que ningún bandido lo vea y me ataque por un valioso corazón que lleve en el pecho.- Añade.

-No te preocupes solo se llevara la esmeralda- Responde Scarlet sonriendo.

-A eso me refiero Scarlet,  a la esmeralda-

-Pues yo me refiero al que llevas adentro- Le dice tocando su pecho.  -Tu corazón es tan compasivo que vale más que cualquier joya en el mundo-  Agrega agradecida a su hermana.

-No te pongas sentimental y tomate tu medicina deprisa. Tengo que irme - Responde Luciana conmovida. -En esta otra vasija te dejo el aceite de coco-  Agrega y se levanta de la banca dándole un beso en la frente a su hermana para irse y dar inicio a su primer turno de trabajo en el hospital la Misericordia, mientras que Scarlet pasara parte de la noche limpiando las hojas de las flores con el aceite de coco que utiliza como formula secreta y luego preparando su medicina.

A partir de aquella tarde la rutina de las hermanas comenzaría al anochecer.  Luciana trabajaría en el turno nocturno  en el hospital, llegando a las cinco de la tarde para poder salir a las cinco de la madrugada. De esa forma seria una de las primeras en llegar al mercado  y llevarse los mejores ingredientes para la medicina de su hermana, y el mas refinado aceite de coco para el ritual nocturno del jardín. Scarlet comenzaría el ritual con el aceite  justo cuando el sol se ponga, bajo la complicidad de la noche hasta la una de la madrugada, cuando cumplidamente las luciérnagas patrullarían  su jardín en busca de pareja. Luego iría a la cocina a preparar la medicina que a diario necesita ingerir en dos tomas, la primera  al amanecer y la segunda al anochecer y que tomaba sagradamente desde que tenía doce años.

Cuando Scarlet tenía once años el desespero y la angustia se apodero de la familia Lemaitre. Estaban convencidos de la muerte de Scarlet cuando la marca de mujer hiciera lo que ellos evitaban a diario con sus cuidados extremos. Moriría desangrada luego de que apareciera la primera pinta en sus pololos íntimos.  Luciana que  a sus dieciséis años ya comprendía el engorroso proceso femenino, decidió luchar contra aquella sentencia para su hermana, y en las tardes se escapaba de casa  en compañía de Atita y Tiberio, buscando los viajeros que arribaban en el puerto desde otros países. Les preguntaban si conocían alguna manera para detener hemorragias y probaban cada una de las formulas que les aconsejaban dándosela a los conejos y luego de una semana de tomas, les hacían cortes en sus patas para observar el sangrado, pero nada de lo que les aconsejaban era suficientemente bueno como remedio y mucho menos como cura.

Cuando Luciana estaba por rendirse y dispuesta a  enfrentar la tragedia, encontró un judío que le dio una formula milenaria que les daban a los niños  cuando los circuncidaban. Era un ritual  que  durante siglos realizaban los en los varones, pero algunos de los niños que eran sometidos a esta práctica fallecían luego de sangrar sin poder detener la hemorragia, hasta que finalmente encontraron una forma de detenerla.

Consistía en una mezcla especial de varias plantas que funcionaban como hemostáticos.  Luciana la probó y se sorprendió al ver que después de pasar la hoja de cuchillo por la piel de los conejos estos no emitían ni una sola gota de sangre.  Preparo entonces la medicina que debería darle a diez conejos que pesarían lo mismo que su pequeña hermana, se la dio a beber todos los amaneceres y atardeceres esperando que la llegada de los trece años no acabara con su vida.  Cuando Scarlet cumplió sus quince años don Vicente realizo una hermosa fiesta de celebración en honor a su hija que seguía con vida, incluso llegaron a creer que estaba curada, pero un años después cuando sufrió su segundo corte descubrieron la terrible realidad. La medicina tan solo evitaba su menstruación, pero no era suficiente para evitar que sangrara cuando se hiriera.

Todo sucedió un día después de la muerte de don Vicente cuando cayó de un caballo. En el funeral Scarlet  fue al jardín de  la señora Matilde que se encontraba a tan solo unas cuadras y robo una de sus rosas blancas para colocársela en el pecho a su padre antes de sepultarlo. La corto sin problemas y regreso a su casa en la cual yacía don Vicente en un ataúd en  mitad de la sala. Abrió las manos de su padre para colocar la rosa pero  una de las espinas pincho su dedo. Inmediatamente el hilo de sangre comenzó a brotar sin parar advirtiendo de la enfermedad controlada pero aun sin vencer.

Desde entonces las hermanas preparaban a diario la medicina con tres bayas de muérdago, quince hojas de ortiga, dos tallos de Milenrama  y cincuenta gramos de raíz de Equiseto, pero lo mas importante eran las diez hojas de bolsa de pastor que  cada mes les llevaban desde la capital y que debían racionar hasta el próximo regreso del comerciante que se las entregaba.
Debían macerar cada uno de los ingredientes hasta obtener una pasta compacta y sin grumos, lo cual demoraba cuatro horas en el pequeño pilón de encino. Luego se le agregaba el jugo de media taza de limón y se dejaba reposar en una vasija de barro por un día. Las hermanas y Atita realizaban en las tardes esta técnica y luego en el anochecer realizaban la limpieza de las flores, pero con el nuevo trabajo de Luciana seria trabajo exclusivo de Scarlet después de la media noche. De esta forma cuando Luciana regresara ambas dormirían  hasta el medio día, y el resto de la tarde ellas estaría juntas para esquivar todos los peligros que el día  representaba para Scarlet hasta que Luciana saliera de nuevo para su trabajo.
De ese modo pasaron los siguientes tres años en la casa Lemaitre. Doña Frederika intentaba manejar el negocio de su difunto esposo, Atita y Maya se ocupaban de los que haceres de la casa y Scarlet realizaba sus rituales en la noche mientras Luciana se desempeñaba eficientemente en el hospital.


Al principio y sin la experiencia necesaria, Luciana tan solo caminaba alrededor de las camas buscando confortar a los enfermos que se consumían en sus fiebres, pero con el tiempo comenzó a descubrir que la limpieza excesiva de los instrumentos médicos y un corto baño de alcohol ayudaban a disminuir las infecciones que se pasaban de un paciente a otro. Las monjas al observar que el alcohol disminuía drásticamente en las noches, pensaron que Luciana había adquirido un desagradable gusto por la bebida que debía ser sancionada, pero nunca lograron encontrar en su aliento algo que indicara su culpa. Finalmente cuando Luciana expuso su técnica las hermanas la aceptaron de buena manera, agradecidas mas por la certeza de no ser las causantes de la ebriedad en una jovencita tan respetada y admirada, que por la de tener el hospital con mas baja infección de toda la región.


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Por otra parte en cuba los años fueron pasando lentamente  bajo rutinas iguales de estrictas. Al principio Gerard cortaba las cañas escuchando cuidadosamente las conversaciones de los demás trabajadores para lograr identificar las palabras que podrían ser un agravio, pero antes de que pudiera hacer algo  con ellas,  Cedric logro convencer al capataz para que Gerard realizara la función de carguero de caña del molino. De esta manera estaría vigilado y lograría evitar cualquier locura que Gerard pretendiera.

Al principio los demás trabajadores no intentaron nada contra el recién llegado que injustamente ganaba mas dinero, porque creían que era el amante del molinero de escabrosa cicatriz que bien podría matarlos de un solo grito, pero cuando las prostitutas del pueblo alababan las destrezas de Cedric complaciendo a tres mujeres en una sola noche, comprendieron que Gerard era tan solo un tonto protegido que a diario se perdía en sus pensamientos.

Se pasaba el día amarrando la caña y lanzándola al molino. Lo hacia perdido en las trampas de la nostalgia que lo hacían recordar sus días felices en Francia, sin darse cuenta que el tiempo pasaba y el continuaba suspendido en los días y las noches sin que algo extraordinario o diferente pasara en su vida. Cuando finalmente sintió las necesidades del desfogue del bajo vientre, tomo la solución por su propia mano porque no concebía la idea de tocar otro cuerpo que no fuera el de su esposa. Pero cuando la necesidad se hizo mas fuerte encontró la solución a su miedo de traicionar  la memoria de su adorada Abigail.

Los domingos en la noche llevaba a las prostitutas hasta los cañaduzales y se adentraban en ellos hasta estar seguros de no ser descubiertos. La mujer debía arrodillarse  colocando sus manos en la espalda y abriendo su boca para que él depositara su necesidad en ella, meciéndose hasta que la liberación de su fuego interno resbalará por su vástago terminando la tensión que volvería a tener tan solo una semana después, cuando su mano no fuera suficiente ayuda para él.  El mismo estaba sorprendido del fuego abrazador que lo acechaba en las noches, pero solo fue consiente de la causa, una tarde cuando sin buscarlo se vio en un espejo y observo como el trabajo pesado con la caña había convertido su cuerpo en el de un semental musculo. También comprendió por que algunas de las prostitutas le pedían mas que aquella práctica oral, incluso dándole un servicio gratis, tan solo por tener su cuerpo sudoroso en el de ellas.




Pero todas las rutinas pronto serian modificadas cuando en cuba se inicio la guerra de liberación del dominio Español que duraría diez años. Cedric tomo la múcura que guardaba bajo la cama con todo el dinero que había recolectado con Gerard para fundar su propio ingenio. No estaba dispuesto a perder el fruto de tres años de trabajo y arrastro a  su amigo hasta el puerto del que zarpaban los últimos barcos de la tarde de la revuelta.

- No volveré a Francia- Le dice Gerard a Cedric cuando ve que se dirige al barco que los llevaría de vuelta a su país.

-¿Estas loco? ¡No podemos quedarnos aquí!- Gruñe Cedric exasperado. Realmente aprecia a su amigo pero no quiere sufrir los estragos de una guerra.

-Lo se. Pero si me resigne a seguir con vida no será par vivir en Francia-

Cedric se da cuenta que debe tomar una decisión. Volver a Francia o aventurarse de nuevo con su ahora amigo en una nueva ciudad. Se siente tentado a dejarlo porque ya domina el español y no intentara quitarse la vida. Pero su conciencia le dice que aun se encuentra en deuda.

Cuando están en la proa del barco con destino a una nueva ciudad ambos contemplando el horizonte tratando de imaginar la nueva vida que los espera Gerard rompe la paz con una pregunta.

-¿Por que vienes conmigo Cedric?-

-Hay algo que me falto decirte de cuando el doctor François me salvo la vida- Responde Cedric sin dejar de observar el horizonte. Gerard si lo hace intrigado por aquella respuesta.

- ¿A que te refieres?-

-El doctor François me confesó que solo me salvo la vida por que tu lo convenciste de hacerlo-  Los ojos de Cedric se cruzan con los de Gerard que lo observa sin comprender, hasta que la memoria lo atropella y reconoce el hombre que considera su amigo desde hace mas de tres años.

Terminaba el turno nocturno, luego de atender el parto de una mujer. El doctor François agradecía la llegada del día para irse a descansar porque ya no tenia la misma fuerza y disposición que su  alumno. Pero justo en su salida llegan tres hombres desde un prostíbulo con un moribundo bañado de pies a cabeza en sangre. De las puñaladas en su pecho y cuello brotaban chorros como los manantiales que adornaban la plaza principal. Gerard  ordeno colocarlo en la mesa de cirugía mientras preparaba todos los instrumentos para atenderlo, pero el Doctor François lo detuvo con una terrible afirmación.

-Déjalo, a ese pobre hombre ya no podemos salvarlo- pero Gerard no estaba dispuesto a dejarlo ir sin luchar primero.

-Entonces eso significaría que no somos buenos cirujanos- responde tomando  un delantal blanco y ofreciéndole el otro a su maestro quien lo toma resignado y los sigue hasta la mesa de cirugía.


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Es medio día y Luciana y Scarlet salen de la cama y comienzan su rutina  de aseo. Después van al jardín a inspeccionar los  nuevos claveles amarillos que Scarlet sembró y luego se sientan en la banca de madera esperando el Te que pronto les llevara Atita. De repente, el sonido de las calderas de un barco que anuncia su llegada desde cuba, les agita a  ambas el corazón, con un estremecimiento sísmico que les advierte que sus vidas pronto dejaran de ser las mismas.






NOTA DEL AUTOR

Gracias por leer esta historia a la cual le entregare mi corazón como a un  primer hijo. Igualmente agradezco sus comentarios ya que son el combustible que me empuja a continuar con esta creación.





L.Farley